Texto acerca del Skateboarding

[2006]

 

Mirando la urbe

 

La urbe moderna es un ente muy complejo. Algunos lo comparan con una selva, donde solo los fuertes sobreviven. Para otros es un escenario donde diariamente se arman obras y  dramas nuevos. Muchos lo ven como un lugar donde el trueque y el comercio se hacen presente, siendo la ciudad lo que realmente posibilitó el desarrollo de estas transas. Aquí se compran y venden acciones en el mercado mundial como otros compran sopaipillas a la salida del metro. La arquitectura de este terreno refleja las conquistas humanas del pasado tanto como las tendencias que lo regularán en el futuro. Para optimizar el funcionamiento de esta sofisticada maquina manufacturada de toneladas de acero, vidrio y cemento, se deben tomar algunas medidas.

El integrante de esta comunidad se ve confrontado a cada momento con un sinfín de símbolos, reglas e instrucciones. Algunas de estas convenciones se manifiestan en forma escrita, otras como signos y otras más permanecen sin formulación alguna, sin embargo quedan perfectamente comprendidas y acatadas. “No entrar”, “No estacionar frente al portón” o “Pare” son instrucciones, con las que se espera un procedimiento estándar. Asimismo el ser urbano entiende el significado de un semáforo rojo o de un paso cebra (supuestamente…), a pesar de que estas instrucciones no son tan explicitas. También sigue ciertos códigos no escritos, que son marcados social o culturalmente, uno no sale a la calle sin vestimenta, no ataca otras personas violentamente sin razón y no pasa con un auto por encima de veredas pobladas… Un entendimiento común de estas medidas es una condición para el funcionamiento de la sociedad, por lo que desviaciones, variaciones u simplemente desobediencia son castigadas, en ocasiones severamente, por las instituciones de la ley.

Ahora, si bien estas convenciones comunes facilitan bastante el funcionamiento de la urbanidad, también traen consigo un carácter inhibidor,  pues desde que cualquier actividad humana tiene adjudicado un lugar específico, una sala especial o una convenida institución, queda muy poco espacio para la exploración personal y el desarrollo individual dentro de la estructura. A los habitantes de la ciudad se indica donde trabajar, donde jugar, y donde comprar, de manera que estos lugares predefinidos adquieren un significado, que se transforma, mediante el entendimiento comunitario, en norma. Un hombre, nacido en estas normas, ha de fiarse de estas y acatarlas al pie de la letra, aun si con esto se reprimen sus impulsos naturales y humanos de explorar y conocer su alrededor, y a la pasada, su aprendizaje a manipularlo acorde a sus propias necesidades.  Letreros como “Recinto privado”, un anciano que con un balde de agua fría vertido por su ventana exige silencio, guardias e incluso los mismos carabineros, toman un rol más importante al amenazar con castigos.

El resultado de la represión del deseo natural de explorar, es en muchos casos una visión plana, sobria e indiferente de los contornos de la ciudad, ¿para qué usar la imaginación si el significado de un objeto está definido y establecido mucho antes del nacimiento de quien lo observa? ¿Para qué seguir buscando actividades alternativas, si estas ya están socialmente determinadas, asignadas a los ciudadanos y en la mayoría de los casos hasta marketeadas y comercializadas? Complicado se vuelve cuando el espacio concedido para los jóvenes ya no les alcanza para satisfacer su necesidades. Los juegos en la plaza municipal son muy chicos y casi todas las ofertas urbanas de pasar tiempo libre cuestan dinero. Entonces que se puede hacer para evitar freírse la mente viendo “Rojo” o “Mekano”? Una de las actividades más populares de los adolescentes es el “chilear” colectivo, el juntarse en plazas, parques, malls o esquinas para, en conjunto, no hacer nada. Sin embargo la pasividad no puede ser una respuesta definitiva a estas condiciones existentes en la sociedad.

La ciudad es desde su propia naturaleza un espacio de diversidad, que puede ser entendido y utilizado en muchas maneras, cada ser humano acuña mediante su propia percepción una imagen individual de su alrededor, y lo justifica con sus propios significados. Así, un graffiti en un portón puede ser vandalismo en los ojos del dueño de dicho portón, y también puede ser, para un graffitero con sabiduría interna, la obra de alguno de sus  colegas. Donde cansados peatones y personas de la tercera edad se alegran por ver en una baranda una ayuda al bajar un par de escalones, el joven skater ve infinitas posibilidades de manifestarse de manera activa, sana y autocontrolada.

Lo que vemos en nuestro ambiente depende de lo que sabemos. Nuestros proceso cognitivos son influenciados tanto por lo que vemos directamente frente a nuestros ojos, como por el recuerdo de similares objetos, situaciones, etc. El significado de un cuerpo depende esencialmente de la utilización práctica que le adjudicamos. Por tanto, no nos enfrentamos a nuestro mundo como observadores pasivos, sino como actores que crean sus propias realidades. Un área puede ser visto y transformado por diferentes asistentes en distintas áreas, siempre dependiendo de cuales son sus medios o recursos para la utilización del mismo espacio. Por ejemplo, una calle se utiliza con otras reglas y patrones de movimiento en un auto que como peatón.
Igualmente una tabla de skate determina decisivamente la percepción de un espacio urbano. Para la persona normal es un pedazo de cemento que corra paralelamente a unos escalones, para otros es un lugares con nombre donde se escribió historia de Skateboarding, como es el Hubba Hideout en el EMB de San Francisco. Muchos otros lugares a través del mundo han desviado su significado de lo que sería en la opinión común, lo que crea un entendimiento propio según la utilización del espacio para un grupo de personas, los skaters en este caso.

Su lenguaje respecto a los trucos y maromas y los objetos arquitectónicos se basa en una experiencia común de los espacios urbanos, que los define como grupo y aporta con memoria colectiva, lugares históricos (por ejemplo el Gonz Gap en EMB) y nuevas creaciones para compartir. Al utilizar los objetos en su medio ambiente, los skaters están mostrando un entendimiento importante de la estructura y la composición de estos. Donde la opinión pública muchas veces percibe vandalismo y destrucción, los skaters analizan muchos factores que una persona corriente apenas puede seguir. Antes de hacer un grind o un slide sobre algo, deben transcurrir ciertos procesos mentales. Se puede resbalar sobre este objeto? Hay otros objetos, autos, peatones, etc en el camino? Que otros riesgos existen? Y, por lo demás, que truco me permite mi nivel personal, para hacer sobre este objeto? Todo esto puede suceder en segundos o puede durar un tiempo, dependiendo del grado de dificultad y de riesgo de la maniobra y el nivel de conocimiento del objeto. De todas maneras, se anticipa al actuar, que será manifestado en forma de un truco, un proceso mental, en el que se analiza y descifra el ambiente.

Concluyendo es importante entonces rescatar, que el andar en skate es una actividad que percibe de manera razonable el contorno urbano y lo manipula con metas previamente planteadas. Gracias a los esculturas y arquitectos creativos que planearon y diseñaron esta jungla urbana, ya que ellos nos permiten explorar, experimentar y descubrir su gran y colectiva obra con tanta diversión, ya que siempre es un pequeño triunfo colocarle su propia estampa al mundo de la ciudadanía. Y si bien los skaters cada de vez en cuando se salen de los marcos permitidos, casi durante todas las etapas y épocas de la humanidad ha sido ilegal seguir su voz interna en vez de seguir lo que hace el resto…así que para todos aquellos allá afuera, que patinan a pesar del posible castigo, hay una fantástico mundo, repleto de posibilidades a descubrir…

 

por jorge jorquera